"Pero confíen... Yo he vencido al mundo"
Ha comenzado la Cuaresma. El pasado 18 de febrero, Miércoles de Ceniza, marcó el primero de los 40 días en los que conmemoramos lo que ocurrió en la Cruz y el sepulcro de la Resurrección, donde Jesús de Nazaret fue protagonista del regalo de amor más grande e impagable en la historia del universo. El Cordero de Dios fue crucificado sin que este se opusiera de ningún modo, siendo inocente. Frente a todos, y sin que casi nadie entendiera en ese momento, el Cristo, el Mesías, estaba consumando con su sangre derramada en el madero lo que hoy repetimos en cada misa, citando a Jesús... "Sangre de la ALIANZA NUEVA Y ETERNA, que fue derramada para el perdón de nuestros pecados".
Tales palabras fueron declaradas por Él durante la última cena con sus discípulos, la noche del jueves santo, horas antes de que fuera detenido y posteriormente crucificado... Siempre deberíamos reflexionar sobre el significado del mensaje cristiano, pero estos días son mucho más pertinentes para ello. ¿Qué quiere decir eso de la "alianza nueva y eterna"? ¿Alianza entre quiénes? ¿Qué beneficios tiene para ti y para mí esa alianza?
En esa misma cena memorable, trascendente, Jesús dijo a sus discípulos y nos dijo a nosotros que "el Espíritu Santo nos guiaría a toda la verdad" (Juan 16:13), de modo que allí dejó otra llave para la búsqueda de respuestas y del entendimiento sobre cualquier interrogante y/o duda que surgiera, acerca de sus enseñanzas y de hechos concretos en torno a nuestras realidades. Allí podemos acudir para hallar la verdad.
El mundo actual convulsiona frente a noticias de escandalosa crueldad e impunidad. Las ansias de justicia nos remiten otra vez a Jesús... "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mateo 5:6), y nos remite otra vez a la mesa de aquel jueves, triste y esperanzador a la vez: "En el mundo tendrán aflicción, pero confíen. Yo he vencido al mundo" (Juan 16:33).
Jesús no había ido a la cruz cuando dijo "Yo he vencido al mundo". No se había consumado el sacrificio del Cordero de Dios para derramar la sangre de la ALIANZA NUEVA Y ETERNA (la crucifixión fue ejecutada al día siguiente, el viernes), pero ya Él lo daba por hecho. Para el Cielo, ya estaba sellado el triunfo sobre el mal.
En esta Cuaresma, acudamos con urgencia a esas palabras. Como en aquella noche, en cualquier noche de maldad que estemos enfrentando, Jesús, el Cristo, el Cordero y el León de Judá, ya venció.
Tales palabras fueron declaradas por Él durante la última cena con sus discípulos, la noche del jueves santo, horas antes de que fuera detenido y posteriormente crucificado... Siempre deberíamos reflexionar sobre el significado del mensaje cristiano, pero estos días son mucho más pertinentes para ello. ¿Qué quiere decir eso de la "alianza nueva y eterna"? ¿Alianza entre quiénes? ¿Qué beneficios tiene para ti y para mí esa alianza?
En esa misma cena memorable, trascendente, Jesús dijo a sus discípulos y nos dijo a nosotros que "el Espíritu Santo nos guiaría a toda la verdad" (Juan 16:13), de modo que allí dejó otra llave para la búsqueda de respuestas y del entendimiento sobre cualquier interrogante y/o duda que surgiera, acerca de sus enseñanzas y de hechos concretos en torno a nuestras realidades. Allí podemos acudir para hallar la verdad.
El mundo actual convulsiona frente a noticias de escandalosa crueldad e impunidad. Las ansias de justicia nos remiten otra vez a Jesús... "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mateo 5:6), y nos remite otra vez a la mesa de aquel jueves, triste y esperanzador a la vez: "En el mundo tendrán aflicción, pero confíen. Yo he vencido al mundo" (Juan 16:33).
Jesús no había ido a la cruz cuando dijo "Yo he vencido al mundo". No se había consumado el sacrificio del Cordero de Dios para derramar la sangre de la ALIANZA NUEVA Y ETERNA (la crucifixión fue ejecutada al día siguiente, el viernes), pero ya Él lo daba por hecho. Para el Cielo, ya estaba sellado el triunfo sobre el mal.
En esta Cuaresma, acudamos con urgencia a esas palabras. Como en aquella noche, en cualquier noche de maldad que estemos enfrentando, Jesús, el Cristo, el Cordero y el León de Judá, ya venció.
4 acciones concretas para vivir la Cuaresma sirviendo a Cristo en el prójimo
- COMPARTIR EL ALIMENTO
- Cada vez que vayas al supermercado, compra algún producto no perecedero básico —arroz, legumbre, aceite— y busca la posibilidad de entregárselo a una familia que lo necesite. Brinda un desayuno, almuerzo o cena a una persona en condición de calle...“Tuve hambre y sed, y me diste de comer” (Mateo 25:35).
- ACOGER AL FORASTERO
- En las ciudades es frecuente la llegada de personas de otros estados o países. Si hay un vecino nuevo que ha migrado cerca de tu casa, acércate a saludarlo, invítale un café, porque la soledad del forastero se cura con comunidad... "Fui forastero y me recibiste" (Mateo 25:35).
- DONAR CON DIGNIDAD
- No des lo que está en mal estado. Si quieres hacer una donación, que esté en buenas condiciones, limpia y digna. Si tú no te la pondrías por su mal estado, no se la des a ese pobre tampoco. Bendecir a otros no es solamente dar lo que te sobra, sino compartir lo que tienes... "Estuve desnudo y me vestiste" (Mateo 25:35).
- ACOMPAÑAR AL ENFERMO
- Llamar o visita a familiares ancianos que viven solos. A veces la cárcel es la soledad de una casa donde el teléfono nunca suena. El enfermo no es sólo el del hospital, sino aquel que tiene el alma herida. También puedes llevar algo de compañía a una persona en la cárcel... "Estuve enfermo o encarcelado y me visitaste" (Mateo 25:35).
Escuchar la Palabra y el clamor de los que sufren
Queridos amigos, pidamos la gracia de una Cuaresma que nos lleve a una mayor atención a Dios y a los más pequeños entre nosotros. Pidamos la fortaleza que proviene de un ayuno que también se extienda a nuestro uso del lenguaje, para que las palabras hirientes disminuyan y den paso a un mayor espacio para la voz de los demás. Esforcémonos por hacer de nuestras comunidades lugares donde el clamor de quienes sufren encuentre acogida...
Papa León XIV en su mensaje para la Cuaresma 2026
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